Álvaro Amengual

Dibujos, pinturas y otros anacronismos

A modo de excusa

 

 

Decididamente el dibujo es el medio expresivo más despojado de las artes visuales.

En su manifestación más esencial bastan un trozo de papel y un lápiz para hacer visible una idea.

Esta economía de medios, esta austeridad casi monacal, hacen que el dibujo no admita el más mínimo maquillaje que disimule las inevitables torpezas.

En su franqueza, en su desnudez, adquiere su plenitud, que se instala entre el acierto y el error.

En relación a lo antes mencionado diré que no dibujo como quiero, sino como puedo.

He pasado ya demasiados años tratando de dominar el oficio de dibujar. Si bien esto es sumamente complejo y por momentos desmoralizador, más difícil aún ha sido aceptar mis limitaciones.

Sin embargo aunque esto suene a resignación, es según creo una de las mayores conquistas que uno puede lograr no sólo en el ámbito del arte sino en la vida misma.

Esta serie de dibujos correspondientes a diferentes épocas fue realizada dentro de los parámetros antes mencionados e incluye un elemento que considero fundamental para mis intereses: el azar o lo inesperado, situación ésta que a veces se presenta sola o a veces es provocada.

El azar o lo inesperado nos obligan a la búsqueda constante de soluciones nuevas ante la inminencia del caos, nos apartan de lo seguro, de las recetas, y transforman el acto de dibujar en un territorio no cartografiado, que se presentará con innumerables caminos a elegir y transitar.

Al comenzar un dibujo hay sí, una idea voluntaria, ya sea que se parta de una imagen observada (un modelo) o de una imagen mental, pero inevitablemente en ambos casos la imagen dibujada diferirá de nuestra primera intención. Particularmente en el dibujo de concepción mental, es decir, no mediando un modelo, la primera imagen resultante será una vaga aproximación de una también vaga idea de lo que se quiere representar. Esta primera imagen, cuando es graficada en el papel partiendo de una idea difusa, es el comienzo; la observación de la misma estimulará la idea inicial y se harán cambios en la imagen dibujada en primera instancia. Este proceso entre el cerebro y el papel con intermediación de la mano puede ser infinito.

En definitiva el dibujo es una forma de pensar activa, no se trata del pensamiento como un acto contemplativo, sino de que el mismo adquiera cuerpo sobre el papel.

Es imposible concebir el mundo creado por el hombre sin la existencia del dibujo, desde la casa en que habitamos, los objetos que nos rodean o la ropa que vestimos, todo, absolutamente todo, antes de ser lo que es, fue en primera instancia un dibujo.

Si bien en las artes visuales el dibujo puede tener un fin práctico, por ejemplo un boceto previo a la realización de una pintura, su carácter es autónomo y siempre es un hecho en sí mismo. El dibujante que ha elegido el terreno del arte no proyecta edificios, vestimenta u objetos, es para ser claro, un inútil que se proyecta a sí mismo.

El artista (palabra que detesto) tiene la libertad del insensato que ha dado la espalda al mundo en función de un designio “divino” que solo él posee y redimirá a la estrechez existencial de su prójimo.

En un pasado no tan lejano, el artista que aún no se había autoerigido en mesías, gozaba de los mismos beneficios que aún gozan los albañiles, los carpinteros o los herreros: servían para algo y por lo tanto su trabajo era requerido.

Hoy el artista esta recluido en sí mismo, ejerciendo la sacrosanta misión de materializar sus obsesiones, sus miedos, sus caprichos, es decir brindar a la pedestre humanidad su “rico mundo interior”, que por supuesto a nadie interesa.

A pesar de ser consciente de lo antes enunciado sigo dibujando cada día, soy un culpable más de mi propia denuncia.

Como dije anteriormente los presentes dibujos responden básicamente a tres premisas: conquista de un cierto oficio, aceptación de las limitaciones y utilización del azar; esto seguramente no arrojará luz sobre ellos, y sucede que es muy difícil o decididamente imposible justificar lo inútil. Vayan pues mis excusas por estas ocurrencias dibujísticas, que tal vez sólo sean el divertimento de un individuo que no sirve para otra cosa.    

BIOGRAFÍA

 

 

Alvaro Amengual nace en Montevideo en el año 1957.

En el año 1977 ingresa al Instituto de Bellas Artes San Fancisco de Asís, cursando el taller de Dibujo y Pintura dirigido por Clever Lara y el taller de Escultura dirigido por Freddie Faux.

En el año 1986 es seleccionado por el Museo Nacional de Artes Plásticas y Visuales, para participar en el curso de grabado en metal, dictado por el Prof. David Finkbeiner de la Universidad de Purchase – New York.

Al año siguiente es invitado por el Club de Grabado a participar en un curso de litografía dictado por el Arq. Alvaro Cármenes.

Desde el año 1977 ha expuesto regularmente participando en mas de cincuenta muestras colectivas e individuales, obteniendo las siguientes distinciones: 1987 - Primera Mención (Museo de Arte Contemporáneo), 1er. Premio (35º Salón Municipal de Artes Plásticas), 2do. Premio (Salón de Pintura del Automóvil Club). 1988 – 2do. Premio Bienarte II (Alianza Cultural Uruguay – Estados Unidos), 1er. Premio Inca (36º Salón Municipal de Artes Plásticas), 1er. Premio Salón de Pintura (Banco República). 1989 - 1er. Premio Pan Am para Arte Joven (Museo de Arte Americano de Maldonado), 1er. Premio Salón de Acuarela (Banco República). 2007- Premio “Fraternidad – Cr. Màximo Brenner” a la trayectoria artística (B nai B rith Uruguay).

A partir del año 1986 comienza su actividad en el campo de la ilustración, editando sus trabajos en los semanarios Alternativa, Zeta, Sobretodo, y en el diario El Día.

Paralelamente a su actividad como ilustrador comienza en el año 1991 su actividad docente en el taller de Clever Lara, labor que se extenderá hasta el año 1998.

Desde el año 1993 hasta 1999 es contratado por el Ministerio de Educación y Cultura desempeñándose como docente del proyecto “talleres del interior”, dirigiendo los talleres de las ciudades de Durazno y Trinidad.

A partir del año 1997 dicta clases en su taller particular.

Desde el año 1998 se desempeña como docente en la Facultad de Comunicación y Diseño de la Universidad ORT.

Son a destacar los siguientes Museos que poseen sus obras: Museo Juan Manuel Blanes, Museo Nacional de Artes Plásticas y Visuales, Museo Municipal de San Fernando (Maldonado), Museo de la Municipalidad de Miraflores (Lima- Perú).